Hoy vuelvo a escribir. ¿Porqué? Porque sí, me apetece y llevaba tiempo con mono de escribir, y más de este tema.

No te engañes por el título, aunque hablaré del establecimiento citado, el destinatario es un empleado del mismo.

Comienzo.

Buscando un sitio para almorzar en Domingo, recordé que mi amigo Ale Guerra estaba en Tata Pila, así que decidí tirar para allá. La verdad es que el sitio en sí no me llamaba la atención, pero bueno, es del grupo de Ovejas negras y estaba allí Ale. Llamada por teléfono para confirmar la reserva y ya te dan ganas de estar allí. ¡Cómo te vende el sitio y sólo ha sido una llamada!

Llegamos a Tata Pila y ahí estaba él, recibiéndonos junto a su equipo con su perenne sonrisa y amabilidad. Mi pareja ya había estado en Tata Pila, atendida por Ale, no tuvo ni que pedir vino, fue servida sin mediar palabra, detalles que gustan.

Pasamos a la comida, me dejé guiar tanto por Ale como por mi pareja. Comenzamos con patatas bravas y croquetas de boletus. Continuamos con un arroz de pulpo y un canelón de carrillada, de postre Crème brullé.

No voy a descubrir América al decir que la comida estaba buenísima, ¿alguien duda de la calidad del grupo Ovejas Negras a estas alturas? No creo. Para ser un gastrobar, no flaquea en cantidad, servicio rápido, sin esperas a pesar del bar estaba lleno.

Ahora vuelvo al tema principal de la entrada. ¡Qué poco se valora un buen servicio en mesa!

Ale no solo cumple en su trabajo, va más allá, lo dignifica y, lo más importante, lo PROFESIONALIZA. Estamos acostumbrados a ver camareros «obligados», poco (o nada) profesionales, sin ambición y sin interés. Ale es todo lo contrario, siempre procurando una mejora continua, formándose, y creando en Tata Pila un gran equipo de sala.

Todo trabajo tiene su recompensa, y él ha sido recompensando como se merece.

No dejen de visitar Tata Pila, ya no por la comida, que también, verán como trabaja un camarero y un jefe de sala de verdad.